A veces pasa que cumples tus sueños. A veces pasa que fracasas.
A veces pasa que te enamoras. A veces pasa que te rompen el corazón.
A veces pasa que sabes tus objetivos. A veces pasa que no sabes quién eres.
Porque todo, inevitablemente, a veces pasa. A veces tenemos el control y otras veces nos dejamos arrastrar, esperando que alguien nos diga qué hacer, aunque sepamos que nadie va a hacerlo. A veces vivimos y a veces sobrevivimos.
A veces pasa que te sientes imparable y otros días que la vida te aplasta como si fueras un insecto. A veces pasa que todo tiene sentido y otras que cada paso parece llevarte más lejos del lugar donde querías estar. A veces pasa que ríes sin motivo y otras que lloras sin control. Todo es un caos, y ese caos también es parte de nosotros.
A veces pasa que conoces a personas que dejan huella, aunque no se queden. A veces pasa que te pierdes entre otras personas y te olvidas de ti misma. A veces pasa que no tienes miedo y otras veces que el miedo te paraliza hasta que ni respiras.
Y aquí estoy, escribiendo, porque escribir es lo único que me salva de no volverme loca. Porque de esta forma puedo darle algo de sentido a mis dudas, mis pequeñas victorias, mis derrotas y mis momentos de claridad.
Este blog nace de la necesidad de ponerle voz a los pensamientos que nadie escucha. De contar los días buenos, los días raros, los días en los que ni siquiera salir de la cama parece un logro. Porque a veces pasa. Y nos pasa a todos, aunque finjamos lo contrario. Esto es un espacio para aceptar que a veces no hay respuestas, que a veces no hay lógica, que a veces simplemente hay que dejar que pase. Y si pasa, al menos quedará escrito, aunque solo sea para que alguien, en algún momento, diga: “Sí, a mí también me pasa”.
Porque a veces pasa. Y a veces, solo a veces, eso basta.

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